LAS CHICAS RAIMBOW
Por: Omira Bellizzio
Hoy festejamos el día del Niño, por ello deseo rendir un homenaje a mis amigas de infancia del colegio Josefa Irausquín López, de la Urb. San Luis en El Cafetal. Mis amigas de ayer y de hoy, han estado conmigo, sino presencialmente, están en mi corazón. Nos conocimos cuando teníamos alrededor de 10 años: Diana, Catherine, Verónica, Larissa, con estas dos últimas hice la Primera Comunión, luego se incorporaron: Adriana y Francine. Yo me separé de ellas a los 15 años, pues me fui a otro colegio, pero antes se fue Verónica a su país natal Ecuador, esa despedida nos dejó muy afligidas. Luego Diana se muda y la inscriben en otro Colegio, pero en la misma ciudad. Aún así, de vez en cuando nos carteábamos con la Vero hasta que perdimos contacto, y a Diani la visitabamos eventualmente a su casa. Ahora, ella vive en Estados Unidos.
Tuve la suerte de que Lari y Adri fueran a la misma Universidad que yo, por ello coincidíamos en los alrededores de la Universidad Central de Venezuela. Juntas, las chicas Raimbow como nos bautizamos en secundaria, vivimos momentos muy felices. Sanamente crecimos, ellas muy enamoradizas, para ese entonces a mi no me interesaba enamorarme de ningún muchacho por estar escribiendo. Y prefería escuchar sus cuentos para luego escribir poemas.
Íbamos juntas al cine Caurimare y del CCCT, recurrentemente nos reuníamos en la placita arriba de la escuela, para compartir nuestros sueños o leer juntas la revista "Tu" o "Coqueta". Y en las tardes cuando solíamos tener clases de Química, tan aburridas pues en un año tuvimos 3 profesores de esa materia, escuchábamos "Candy Candy", comiquita que transmitía RCTV a través de una radio tv que duró en la casa de mis padres hasta hace unos días.
Crecimos y vivimos experiencias buenas, muy buenas y malas, muy malas, pero crecimos apoyándonos y queriéndonos mucho, quizás la vivencia más fuerte fue la muerte de los padres y de la hermana de Adri cuando teníamos 16 años. Y en la actualidad rezamos mucho por Lari, quien se encuentra en Costa Rica batallando para estar con nosotras, pues sufrió un derrame cerebral el año pasado.
El regalo que las chicas Raimbow recibimos después de 20 años, fue reencontrarnos con Verónica, gracias a Cathy, que por razones laborales viajó a Ecuador e hizo un trabajo de inteligencia para encontrar a nuestra Vero. Emocionalmente nos reunimos cuando la Vero nos visitó en Caracas y luego Dios me dio la oportunidad de conocer a su familia en Quito, y sentí que el tiempo había guardado celosamente ese amor de amigas hasta el día de hoy. Pero todas ellas, mis amigas de infancia y adolescencia son grandes mujeres, hermosas como siempre, excelentes profesionales y maravillosas madres.
A mis amigas unas más cercanas que otras, están en mí como el recuerdo más hermoso de mi infancia, en la ingenuidad de la vida que solo convive y permanece en la niñez. Y que la memoria protege en el tiempo para hacernos felices al saber lo afortunadas que hemos sido por conocernos cuando tan solo éramos: niñas.
Tuve la suerte de que Lari y Adri fueran a la misma Universidad que yo, por ello coincidíamos en los alrededores de la Universidad Central de Venezuela. Juntas, las chicas Raimbow como nos bautizamos en secundaria, vivimos momentos muy felices. Sanamente crecimos, ellas muy enamoradizas, para ese entonces a mi no me interesaba enamorarme de ningún muchacho por estar escribiendo. Y prefería escuchar sus cuentos para luego escribir poemas.
Íbamos juntas al cine Caurimare y del CCCT, recurrentemente nos reuníamos en la placita arriba de la escuela, para compartir nuestros sueños o leer juntas la revista "Tu" o "Coqueta". Y en las tardes cuando solíamos tener clases de Química, tan aburridas pues en un año tuvimos 3 profesores de esa materia, escuchábamos "Candy Candy", comiquita que transmitía RCTV a través de una radio tv que duró en la casa de mis padres hasta hace unos días.
Crecimos y vivimos experiencias buenas, muy buenas y malas, muy malas, pero crecimos apoyándonos y queriéndonos mucho, quizás la vivencia más fuerte fue la muerte de los padres y de la hermana de Adri cuando teníamos 16 años. Y en la actualidad rezamos mucho por Lari, quien se encuentra en Costa Rica batallando para estar con nosotras, pues sufrió un derrame cerebral el año pasado.
El regalo que las chicas Raimbow recibimos después de 20 años, fue reencontrarnos con Verónica, gracias a Cathy, que por razones laborales viajó a Ecuador e hizo un trabajo de inteligencia para encontrar a nuestra Vero. Emocionalmente nos reunimos cuando la Vero nos visitó en Caracas y luego Dios me dio la oportunidad de conocer a su familia en Quito, y sentí que el tiempo había guardado celosamente ese amor de amigas hasta el día de hoy. Pero todas ellas, mis amigas de infancia y adolescencia son grandes mujeres, hermosas como siempre, excelentes profesionales y maravillosas madres.
A mis amigas unas más cercanas que otras, están en mí como el recuerdo más hermoso de mi infancia, en la ingenuidad de la vida que solo convive y permanece en la niñez. Y que la memoria protege en el tiempo para hacernos felices al saber lo afortunadas que hemos sido por conocernos cuando tan solo éramos: niñas.