Mostrando las entradas con la etiqueta Danilo Sánchez Lihón. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Danilo Sánchez Lihón. Mostrar todas las entradas

lunes, 3 de septiembre de 2018

De vuelta a la escuela...Dedicado a los maestros

LA
PROEZA
DE SERLO
Danilo Sánchez Lihón
1. Diáfanos
y absortos
Los hombres que hacen la historia, ¿acaso son sólo aquellos que la violentan? ¿Y que la tiñen de sangre alzando altas hogueras restallantes que todo lo devoran y calcinan?
¿No la hacen también quienes calman los hechos, los
acunan y sosiegan? ¿Y así y de ese modo defienden y afirman la vida?
¿No la hacen también quienes ordenan los acontecimientos, los aseguran y consolidan? Y, de ese modo, ¿erigen y construyen lo que está en pie, palpita y se eleva?
¡Tal y como han hecho siempre en su vida y existencia los maestros de escuela que han consolidado etapas, períodos y forjado destinos!
Quienes ha erigido y construido con sus manos discípulos que han abierto calles, levantado edificios, erigido puentes.
¡Cómo también trazado y abierto urbanizaciones por donde ahora transitamos diáfanos, absortos e ilusionados!
2. Generoso
y claro
¿Sólo encarnan hechos memorables los que encabezan en las páginas de la historia y de los grandes fastos, revueltas, asonadas y revoluciones generando desesperación y tumulto?
¿Solo son dignos de tener un monumento en una plaza pública quienes provocaron incendios, derramamiento de sangre y hecatombes?
¡El maestro de escuela calma, acoge, protege!, porque es un padre de alma.
Y como es todo maestro: tranquilo, humilde y paciente, inserto en el telar de lo cotidiano y en el día a día de las aulas de clases.
Quien carga las bolsas con libros y rollos de papel para el trabajo cotidiano de sus alumnos.
Como carga también con las bolsas del mercado cuando hay que celebrar una efeméride.
Quien es generoso y claro en su sentir y pensar, como cordial y fecundo en cada respuesta a cada pregunta y en cada decisión que se adopte.
3. Cura
las heridas
Y recapacitemos:
Los hombres que miramos con asombro y se han convertido en leyenda.
¿Solo son aquellos que han ganado una y otra batalla? ¿Varias o múltiples contiendas decisivas?
¿Son verdaderamente dignos de admiración y encomio aquellos que han sembrado los campos de guerra entumecidos de tantos muertos?
¡Y de vivos pero que se retuercen entre ayes y gemidos?
¿Son únicamente célebres aquellos que emprendieron hazañas fulgurantes y conquistaron para su país o su rey vastas llanuras?
¡Y territorios con sus ríos, bosques y lagos, orgullo antes de sus legítimos dueños y poseedores?
La gesta y osadía del maestro de escuela es de otra índole: es el de la paz que construye las moradas eternas.
4. Lance
de amor
La labor del maestro de escuela es sumisa, rendida y dócil ante los niños a quienes les da alegrías y cura sus heridas del cuerpo y del alma.
De quien alivia sus carencias, ausencias y retardos, y llena los vacíos y huecos negros que suelen afligirlos y despertarlos angustiados y acezantes por las noches.
Su proeza no es aparatosa con gritos de ataque ni arengas de quitar o entregar la vida viendo la sangre que se derrama.
Extasiado con caballos que piafan, ballestas que zumban y arcabuces que atruenan.
¿Solo son héroes aquellos que en un rapto de coraje tuvieron el valor de salir airosos de un lance de amor y de muerte?
¡Y casi siempre disparando al centro del corazón de su víctima, inspirados en el fondo por una musa o por la arrogancia de ser superiores, caudillos o lo que sea?
5. Quien defiende
y consuela
¿Solo son heroicos aquellos que enfrentaron esperpentos de fábula, monstruos y alimañas míticas, endriagos a los cuales cercenaron sus cabezas con sus espadas centelleantes?
¿O lo son también quienes se sumergen fascinados en el alma profunda del ser humano y rescatan perlas que son referentes para sí mismos y los demás hombres?
¡Claro que son también quienes extasiados ante el encanto de la vida la conducen a puerto seguro y la cultivan para que se enaltezcan como grandes atalayas que auscultan y decodifican las estrellas del cielo!
Tal y como es un verdadero maestro de escuela.
Porque es quien toda la vida está al pie del yunque de la palabra amorosa de quien defiende y quien consuela.
6. El río
el mar y el viento
¡Y delante de la pizarra entre el polvo de la tiza, impartiendo lecciones de respeto, de honradez y de cariño!
Quien ha construido el mundo de manera ordenada, de abajo para arriba.
Con dedicación y afrontando sacrificios menudos que juntos suman un sacrificio inmenso y que luce solo a la luz del alba.
En quien la vida es la de un hombre que de manera escondida ordena lápices y les saca punta.
Quien extiende las hojas para que sobre ellas se creen nuevos mundos.
Quien alinea los cuadernos en las carpetas, los alisa y evoca a sus discípulos cuando ellos ya han partido a sus casas o al recreo.
Ante quien solo cabe prometerse seguir su ejemplo. Porque hombres como él son como el río, el mar y el viento constantes.
7. Cambia
la historia
Porque es el maestro de escuela quien siempre estuvo al pie del brotar de las espigas que se colman de frutos dulces y fragantes.
Atento al capullo de la flor que se abre. Y de la palabra iluminada que el niño primero balbucea y después pronuncia extasiado.
Porque es el maestro de escuela un hombre de virtudes sencillas, exactas y preciosas. Quien tiene el don de lo sereno, lo cabal y confiable.
Un hombre con la merced de lo paciente, tenaz y afectuoso. ¡Y que permanece incólume!
Que plasma y consolida, pero también que inventan para ti, para mí y para todos un mundo nuevo.
Ellos son los maestros verdaderos y auténticos, quienes al final cambian mejor y encauzan la historia humana sobre la faz de la tierra.
*****
Los textos anteriores pueden ser
reproducidos, publicados y difundidos
citando autor y fuente



Colegio Cristo Rey



Colegio Fe y Alegría 


Colegio La Fe

lunes, 20 de noviembre de 2017

El Bien de ser niño por Danilo Sánchez Lihón

20 DE NOVIEMBRE

DÍA
MUNDIAL
DEL NIÑO


EL BIEN DE SER NIÑO

Danilo Sánchez Lihón 
Escritor de Perú


1. Hondos
misterios
No hay edad en el ser humano tan honda, densa y dramática, llena de abismos e inmersiones en el ser de las cosas y en las incógnitas de la vida.
Ninguna época más cósmica, enfrentada a los enigmas y a los absolutos, confrontada con los arcanos y lo indescifrable.
Como también, es cierto, que no hay edad más imbuida de encanto, de magia e ilusión; como más arropada de transparencia y de candor.
Y esto por la capacidad que tiene el niño de crear mundos nuevos y recuperar universos antiquísimos.
Como animar presencias inertes, vivificar lo yerto, suelto, abandonado o disperso, dándole vida con frecuencia fulgurante.
Pero, de igual forma es el período en donde tras unas figuras inadvertidas el niño se da de bruces con espantos y horrores que estremecen el alma.
En ellos se anuncian y previenen los hondos misterios de que está compuesto el mundo.
2. Ámbito
o morada
Ninguna edad cuestiona tanto al destino inescrutable como la infancia, que es la edad también del mundo y de la vida, siempre nuevos y florecidos.
En donde cabe todo lo esencial y valioso, lo más fuerte y delicado que seamos capaces de soportar e imaginar el ser humano.
Tanto lo más consistente e integral, como lo más volátil, evanescente e inconsútil. En verdad, ¡sorprendente!
De allí que la posibilidad de encontrar algo mayor o supremo en la vida cada vez es menos y se aleja irreparablemente si es que no lo alcanzamos, vivimos y tenemos en la infancia, como es la felicidad.
Dimensión, ámbito o morada que debemos convertirla a la misma en un estado de alma, en un espíritu y en una manera de vivir. En una morada permanente y hasta en un refugio, si se quiere, para llorar a nuestras anchas.
Con las cualidades y características que la definen y la hacen permanentemente fresca, lozana y renovada.
3. Les hizo
una seña
El genio y la creatividad tienen que ver mucho con la infancia, siendo que las más supremas facultades en gran medida se dan en quienes tienen el don de volver la mirada y el ser a ese contenido esencial y raíz de la existencia.
Así, se cuenta que, en la nochebuena de 1933, primer año en que Albert Einstein llegó para realizar sus investigaciones en el Instituto de Estudios Superiores de Princeton, en Nueva Jersey, ocurrió lo siguiente:
Pese a que era día invernal y nevaba insistentemente varios niños salieron a la calle siguiendo la costumbre de cantar villancicos frente a las puertas de las casas, primero como saludo y reconocimiento, pero también como un acto de solidaridad a fin de recaudar fondos.
Lo hicieron frente a la casa del nuevo vecino. Al finalizar tocaron al timbre y le explicaron al morador recién instalado que estaban reuniendo fondos para comprar regalos de Navidad para quienes no podían adquirirlos.
Einstein los escuchó, les entregó su aporte y les hizo una seña de que se detuvieran, que iba a salir junto con ellos.
– Espérenme un momento. –Oyeron que les dijo.
4. Raíz
de lo que es ser
Fue, se puso su abrigo, enrolló su bufanda al cuello, sacó su violín que tenía a la mano, y uniéndose a ellos los acompañó tocando su instrumento y acompañándolos con su vozarrón, a cantar Noche de Paz y Noche de Amor.
Lo hizo enrolado con ellos por las calles y delante de las casas, de la manera más natural, ingenua y candorosa; como si fuera uno de ellos y con la nieve en el abrigo. Y los niños lo trataban como si él fuera un niño más.
Algunos viejos habitantes que conocían ya la gloria mundial que era el nuevo residente se sorprendían y asombraban; y no atinaban a qué pensar de esa actitud, de si tenía que agradecer, quizá imitar, o tal vez echarse a reír o llorar.
Y es que ser niño no es solo conservar y cultivar el asombro como cualidades que hacen de un ser como Einstein un descubridor de absolutos.
Sino que serlo es algo que está mucho más atrás y en la base o cimiento de lo que es ser, como absoluto, niño; cuál es la capacidad de asumir la vida con total y plena identificación.
5. Latido
tras latido
Y porque ser niño no se reduce ni limita a una edad o a unos años en el desarrollo del hombre, ni queda confinado en una etapa de la vida.
La infancia incluso es un mundo por construir de modo sincero y continuo e indesmayable; sin cobardías ni cansancios. Ser niños es un universo por conquistar y una utopía por aproximar de manera fervorosa a nuestras vidas.
Este es el sentido hondo y trascendente de una visión de la infancia para estos tiempos aciagos en que hemos perdido lo mejor que se nos había dado, de manera pródiga y a manos llenas: ser niños.
Y nosotros creyendo que era una capa de nuestra envoltura, y no una esencia de nuestra índole, lo desechamos. Creyendo que era una piel y no un fundamento, lo descartamos para quedarnos con el residuo de nuestra condición humana. Y cada día perdemos más aún, una relación auténtica y natural con todo lo que es vital.
Hacerse niños, como Albert Einstein, es el sentido que se trataría de obtener y conquistar paso tras paso, latido tras latido, verso tras verso, para alcanzar a escribir el poema que lograría en la vida forjar hombres con ideales y sueños, que le den a la realidad el sostén imperecedero que ella debe tener.
6. Hilos
de esa textura
Porque eliminemos definitivamente de nuestras mentes la idea de que la infancia se da de manera llana, espontánea y hasta inconsciente. Y que se vive de modo inevitable. Por lo contrario: la infancia es una larga travesía, una ardua tarea, y un punto de llegada.
Y no se trata a la infancia de mirarla al frente, de sentirse desprendidos de ella, de su gajo, rama o pámpano. Se trata de ser constantemente niños y de tener el alma candorosa y transparente.
Y heroica, dispuestos a dar la batalla por todo lo bueno que hay que defender, restaurar sobre el mundo, como ellos lo son.
Esto se comprueba en quienes luego de haber vivido mucho, llegan a esa edad culminante, y que de modo incierto se lo llama vejez. ¿No se ve en ellos al niño, acaso?
¿En aquellos fatigados por haber depurado todo lo vano y superfluo a fin de quedarse con lo ínsito, ingénito y prístino?
¿No se lo encuentra evidente en aquellos que después de tramontar todo no arriban a otro puerto que no sea la infancia? Proas, jarcias y vientos propicios de esa larga travesía que son hilos de esa textura de la sabiduría que es saber consagrar lo mejor a la vida, y no a la muerte.
7. Hasta
el infinito
Por lo expuesto, postulemos entonces, como un valor supremo, no solo volver a la infancia en lo personal sino en lo comunitario, colectivo y social. Que forjemos sociedades niñas, o niños, como es la naturaleza, el sol que amanece cada día.
O como es la tierra, y como es el agua. Que como sociedad asumamos y adquiramos los valores de la infancia. ¿Cómo cuáles, por ejemplo? Haber, uno: ser generosos
Pero, me corrijo en un concepto que dije: la infancia ni siquiera es un punto de llegada sino una constante e inacabable aspiración; un mundo elevado y una decantación acrisolada del alma y del espíritu.
A la cual nunca se llega, sino que sólo se aspira y se anhela llegar, como es difícil, sino imposible, arribar a la plena inocencia, candor y total adoración.
Jesús lo dejó esto definido en el Evangelio al explicarles a sus apóstoles que “¡Quienes no se hagan como los niños no entrarán al reino de los cielos!”
Con lo cual deja dicho que la infancia es una ascensión, un ideal, una estrella titilando en el horizonte; un mundo que nos costará trabajo edificar porque es inagotable hasta el infinito.
IMÁGENES DE LAS ACTIVIDADES DE SECRETOS DEL TALLER DE OMIRA



















Obras de Danilo Sánchez Lihón las puede solicitar a:
Editorial San Marcos: ventas@editorialsanmarcos.com
Editorial Papel de Viento: papeldevientoeditores@hotmail.com
Editorial Bruño, Perú: ventas@brunoeditorial.com.pe
Ediciones Altazor: edicionesaltazo@yahoo.es

domingo, 4 de junio de 2017

Derechos del niño en torno a la palabra





Hoy 4 de Junio es el Día internacional del niño víctima inocente de agresión. Las Naciones Unidas refiere esta fecha a actos cometidos en medio del conflicto armado, sin embargo, el mismo se ha extendido por la vulnerabilidad de los actos que se ven en la sociedad actual, por tal motivo debemos  tomar acciones y responsabilizarnos en salvaguardar y cuidar el estado físico y mental de nuestros niños y niñas. 
Lee más en http://www.un.org/es/events/childvictimday/


DERECHOS
DEL NIÑO EN TORNO
A LA PALABRA
Danilo Sánchez Lihón
 (Santiago de Chuco, Perú)
1
Los niños
tienen derecho a apreciar
las palabras
y darles valor por el sabor
a miel, a
leche, a frambuesa y anís
que ellas
poseen; a vincular saber
y sabor.
A reconocer las palabras
por su color,
textura y, sobre todo, por
la fragancia
que sus sonidos en flor y
sus pétalos
exhalan. Sin prescindir de
la música
de mandolinas, bandurrias
y violines
que en ellas se escucha y
resuena.
2
Los niños tienen derecho
a que
las palabras desentrañen
siempre
realidades y contenidos
íntimos,
insondables y afectivos.
Que
no sean anodinas y ellas
nos abran
los pórticos y ventanales
para viajar
mágicamente, estallando
en júbilo.
Que señalen, develen y
abarquen
mundos pródigos, llenos
de luz,
del sol, las estrellas y la
luna.
3


Los niños tienen derecho
a que
no se corrija las palabras
que pronuncian,
y mucho menos aquellas
que escriben.
No olvidar que ellos son
genios
del lenguaje, hacedores
consumados
de nuevos idiomas. Que
cuando
nos presentan un texto, o
una
composición, vayamos al
fondo
del asunto sin quedarnos
ni arar
en lo superfluo. Que ellos
tienen
derecho a que se elimine
de una vez
por todas a dos funestas
y horripilantes
alimañas: la gramática y
la ortografía.
4
Los niños tienen derecho
a que
las palabras que dirigimos
a ellos
midan infinitos de ternura.
Que
apenas resistan la luz que
ellas
irradian, y estén cargadas
por toneladas
de dulce y legítimo cariño.
Que pesen un
miligramo de preceptiva;
y tengan
casi nada de coerciones.
Mucho
menos de castigos o de
sanciones.
5
Tienen
totales y plenos derechos
a pedir
que se suspenda de modo
inmediato
al maestro que convierte
el curso
de lenguaje, que debiera
ser
fiesta del alma, jubiloso y
estallante,
tornándolo en asignatura
gris,
hosca y penosa; en algo
peor aún:
en una materia gramatical,
cuando
nada es más encantador,
fascinante
y mágico que el lenguaje
para volar
cogidos a las alas de las
palabras.
6
Defendamos ante ellos
el valor
de las palabras que todos
modulamos
con nuestros labios, y que
hablamos
día a día de modo natural
y cotidiano.
Tienen derecho a exigir
que
cada palabra que a ellos
decimos, la
respaldemos con nuestros
actos.
Y si es posible con nuestra
propia
vida. Si les dijimos: “paseo”
vayamos
a él así sea arrastrándonos.
7

Ellos tienen derecho a que
les enseñemos
que las palabras es lo que
da sentido
a nuestras vidas. Que ellas
marcan
nuestros pasos de amargor
o ambrosía.
Develar las palabras para
sentirlas y
pensarlas con autenticidad.
A fin
de ensoñarlas con plenitud.
Obrando
con ellas para la autonomía.
Buscando
y ayudando a cada quién a
encontrar
en cada una su voz interior,
honda y
pletórica, de afirmación y de
triunfo en
las palabras que modulamos
cada día.
8
Los niños tienen derecho
a
expresarse construyendo
imágenes
y metáforas. Y a que se
les entienda
en ese código, dado que
el niño
es un artista consumado,
y más en esa
dimensión acrisolada del
lenguaje.
Tienen derecho para que,
a cada
pregunta, se le responda
no con respuestas
sino con otras preguntas
cada vez
más mágicas e ilusorias
a fin de que
las palabras se tornen
infinitas
9
Todo niño tendrá derecho
a pedir
el cambio de un maestro
si
la voz de este no es grata,
ni afectiva,
dándosele un plazo hasta
que ella
sea reeducada y pulida,
de tal modo
que se torne en música
amable
a los oídos de grandes y
de chicos.
Tanto ha de ser así que,
más que
comprender las lecciones
y cosas
por su razón y significado
las entiendan
por la melodía de la voz
de su maestro
y por lo que ellas evocan
y desprenden.
10

Todo niño
tiene derecho a la palabra
en libertad;
a que las palabras existan
libres, sin
ataduras, que retocen por
el prado,
a que le nazcan alas; que
sean
lozanas, alegres y felices;
sin
grilletes ni cadenas; libres
como
el agua y como el viento.
Como
el fuego y la tierra pródiga.
Libres
como el mar, el sol y las
estrellas
titilantes en el horizonte.
Que nada
aprisione a las palabras,
a fin de
crear con ellas un mundo
nuevo.
*****
Obras de Danilo Sánchez Lihón las puede solicitar a:
Editorial San Marcos: ventas@editorialsanmarcos.com
Editorial Papel de Viento: papeldevientoeditores@hotmail.com
Editorial Bruño, Perú: ventas@brunoeditorial.com.pe
Ediciones Altazor: edicionesaltazo@yahoo.es

***¨

Imágenes de Secretos del taller de Omira 
derechos reservados