martes, 10 de abril de 2007

NATALIA CUMPLEAÑOS ESTE MES

NUESTRA QUERIDA COMPAÑERA NATALIA ALFONZO CUMPLE 13 AÑOS

PARA ELLA CON TODO NUESTRO CARIÑO LE DEDICAMOS ESTE POEMA

Cumpleaños

Autor: Jesús Rosas Marcano (1931-2001)

Poeta y Periodista Venezolano


Tengo un relojito
con un ritmo extraño
que se para el día
de mi cumpleaños.


Y las dos agujas
se detienen juntas
para que mi fiesta
no se acabe nunca.

El reloj me dice
con su voz de cuento
feliz cumpleaños
a cada momento.

¿Cuántos años cumplo?
Eso no me abruma.
Yo cumplo los años,
mi mamá los suma.

Quien quiera saber,
si mi edad le importa,
que cuente las velas
que tiene la torta.

Cada año les digo,
y esa es la verdad,
prendo otra velita
de felicidad.

EL BEBE Y EL CONDOR



Por: Gabriela Alfonzo


Un hermoso día nublado, en las altas montañas de la Paz vivía una señora de color café, tostada por el sol, de cabello oscuro y de ojos achinados, ella se llamaba Cheta Peta. Cheta cargó a su pequeño bebé y lo colocó en una cesta de paja que ella tejió; lo agarró y juntos se fueron a talar árboles para poder tener bastante leña para la cena. Cuando llegaron a la gran ciudad de árboles ella comenzó a talar sin parar, mientras avanzaba agarraba la cesta y la rodaba para que el bebé estuviera cerca….
Esa misma mañana, un cóndor muy preocupado, porque no tenía comida decidió vigilar un valle para ver si conseguía comida para él y sus criaturas.
Ya cansado de esperar bajó y se paró en un peñasco, de repente vio con su aguda mirada a alguien que bruscamente talaba el árbol más alto hasta que este se cayera, cuando el árbol cayó, el cóndor muy bravo subió a las alturas donde se encontraba hace unos minutos para ver quien fue el que se atrevió a arrebatarle el árbol donde siempre se posaba para ver el valle.
Cuando el cóndor vio a la señora, quiso vengarse, pero como?? Se preguntó.
Mientras bajaba escuchó un chillido escandaloso, y este al percatarse que era una pequeña personita que gritaba junto a la persona que le arrebató su árbol, pensó que este serviría de venganza y también como alimento para sus pichones. Aceleró el vuelo y tomó la cesta con sus garras. La señora trató de seguir el vuelo del cóndor que le arrebató a su hijo, pero no pudo; se sentó a llorar sintiéndose muy infeliz.
Mientras lloraba escuchó un tiro, ella corrió asustada hacia esa dirección y se frenó ante unos cazadores que rodeaban algo. Cheta Peta por curiosidad se asomó entre las cabezas de los cazadores y vio a un cóndor muerto que llevaba entre sus garras a un pequeño bebe en una cesta. Emocionada gritó que era su bebé y lo tomó entre sus brazos acariciándolo y entre llanto y risas se alejó agradecida de los cazadores por habérselo devuelto.